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Motivación Intrínseca (2017)


Escrito por: Delia María de Lourdes Tello Gutiérrez. Fecha: 24 de mayo 2017.

Como maestra, siempre me ha inquietado un tema en especial al educar a mis alumnos, se trata de su motivación intrínseca o interna. Esa motivación que no repara en premios ni castigos, sino que es contundente y decisiva porque surge desde el interior, decidido a hacer lo correcto y el bien sin esperar nada a cambio, y entonces, me cuestiono, ¿qué los puede motivar a ponerme atención en clase? ¿Qué los mueve a practicar más de lo requerido, y lograr así, fijar a largo plazo el conocimiento? ¿Qué les permitiría motivarse a sí mismos, para seguir aprendiendo por su cuenta? ¿Qué los empujaría para compartir su conocimiento con otros? Y de ahí que, mi interés puede comprenderse cuando las mismas preguntas las elaboro frente a un espejo. Es entonces que entiendo, que parte de este proceso motivador, se relaciona profundamente con el  grado de responsabilidad, que uno siente ante el mundo que nos rodea.  


La responsabilidad resulta que es una extensión del respeto, (Lickona, T. 1992) si entendemos el respeto y lo practicamos con otros, es porque tiene valor para nosotros. Esta definición incluye cuidarnos a nosotros mismos y a otros; cumplir con nuestras obligaciones; contribuir con nuestra comunidad; moderar el sufrimiento y tratar de construir un mejor mundo. Por esto es que, la responsabilidad tiene mucho que ver con la motivación intrínseca en el momento que le damos valor y nos importa. En su libro “Porqué hacemos lo que hacemos: Entendiendo la auto-motivación” Edward Deci y Richard Flaste muestran que la motivación interna, contraria a la externa, es el corazón de la creatividad, la responsabilidad, el comportamiento saludable y el cambio duradero.  La motivación interna, es la llave para el aprendizaje y para el éxito educacional, (Marshall, M. 2001 ). La diferencia entre la motivación externa e interna radica en el locus de causalidad de la acción, y porque es difícil de distinguir, es propia solo para una reflexión interior.


En el panorama de la motivación externa por ejemplo, el alumno debe ser responsable porque depende de sus padres y ellos le aplaudirán sus logros o le reprimirán, si el no se esfuerza lo suficiente. En el caso de una maestra, y en el mismo panorama, si ella no cumple con sus responsabilidades, sus resultados se verán reflejados en la dinámica escolar, con citas constantes con padres de familia, alumnos fuera de control dentro del salón y dispersos a la hora de aprender. Pero si el locus de causalidad es intrínseco, el proceso de aprendizaje puede disfrutarse más, porque existe la consciencia del objetivo y la responsabilidad que esto implica. Cuando tenemos esta motivación, no necesitamos incentivos ni castigos porque la actividad es en sí misma, el reforzador (Woolfolk A. , 1999).


Por consiguiente, la motivación y la responsabilidad tienen un hilo contiguo difícil de separar. Con una motivación interna, se entenderá la individualidad de cada uno de los alumnos; las clases serán para todos y se disfrutará ayudar al que no puede avanzar, porque entenderá su graduación; inflamará su intelecto, para motivar su participación y facilitará la conexión de la teoría con la práctica; la retroalimentación siempre será positiva y progresista, porque con su autoconocimiento facilitará la transferencia del conocimiento motivando a su alumno a ser mejor. 


        Concluyendo comento que, en la escuela, estas dos formas de motivación (externa e interna) son muy importantes. Muchas de las actividades que se presentan como fundamento pueden ser muy interesantes para los alumnos, y el maestro puede inyectar algo de motivación intrínseca si logra estimular su curiosidad y los hace sentir más competentes conforme aprenden. Los maestros deben alentar y cultivar la motivación intrínseca y, al mismo tiempo, asegurarse de que la extrínseca sustenta el aprendizaje (Brophy, 1988 Ryan y Deci, 1996 en Marshall, M. 2001). 


Bibliografía


Marshall, M. (2001). Discipline without Stress Punishments or Rewards. Piper Press. Pp. 35


Woolfolk, A. (1999). Psicología Educativa. Prentice Hall. Mexico. PP. 375,


Likona, T. (1992). Educating for Character: How our schools can teach respect and responsibility. Bantam Books.






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